Su destino ahora pone a prueba la política, la geología y la paciencia.
En medio del desierto de Karakum, en Turkmenistán, un pozo ardiente ha resistido tormentas de arena, el colapso soviético y tendencias de las redes sociales. Los lugareños lo llaman Darvaza. Los viajeros lo apodaron las “Puertas del Infierno”. Lo que empezó como una solución de campo se encuentra ahora en la encrucijada entre los objetivos climáticos, el orgullo nacional y el precio del gas.
Un error ardiente de la era soviética
La historia comienza en 1971. Geólogos soviéticos investigaban una zona del desierto rica en gas. El suelo cedió bajo una torre, abriendo un cráter de decenas de metros de diámetro. El metano brotó. El equipo prendió fuego a la fuga para evitar intoxicaciones y explosiones. Esperaban una llamarada breve. La llama nunca se apagó.
El pozo mide unos 60–70 metros de ancho y alrededor de 20 metros de profundidad. El brillo nocturno se extiende por las dunas. Durante años, solo un goteo de visitantes lograba sortear los permisos estrictos y el difícil acceso a Darvaza. Las fotos convirtieron el lugar en un destino de culto, aunque la combustión también se consolidó como un incómodo símbolo de despilfarro.
Los ingenieros prendieron el gas que escapaba para proteger a la gente. La solución de emergencia se convirtió en un hito… y en un problema.
Cálculos del metano y una vergüenza creciente
El metano atrapa mucho más calor que el dióxido de carbono. En veinte años tiene decenas de veces más impacto, lo que implica que reducirlo rápidamente aporta beneficios de enfriamiento a corto plazo. Los satélites ahora detectan enormes columnas desde el espacio. Analistas han señalado a Turkmenistán como una de las principales fuentes de fugas y llamaradas “superemisorass”.
Esa atención duele. Turkmenistán vende gas al extranjero y quiere reputación de proveedor fiable. Una combustión interminable mina ambas cosas. En 2022, el presidente Gurbanguly Berdymukhamedov ordenó a los funcionarios apagar el cráter y ahorrar el gas para la exportación. La empresa estatal Turkmengaz dice que ya ha reducido la intensidad del incendio a una tercera parte gestionando mejor el suministro subterráneo.
La geología no lo pone fácil. Capas finas de gas yacen entre estratos más densos y húmedos en este sector del Karakum. Esos filones pueden ventilar al vacío y mantener la llama viva. Los ingenieros también se enfrentan a terrenos blandos, estrés térmico y el riesgo constante de colapsos junto al borde.
El metano impulsa aproximadamente un tercio del calentamiento industrial. Recortes rápidos en pozos y plantas de gas ofrecen uno de los logros más rápidos de enfriamiento.
Por qué apagar el fuego es más difícil de lo que parece
Extinguir una llamarada en el desierto exige algo más que una manguera y espuma. Los equipos deben cartografiar canales ocultos, reducir las emisiones sin provocar explosiones y mantener la seguridad de los trabajadores pese al calor extremo. Cada táctica intercambia rapidez por riesgos.
| Opción | Cómo funciona | Riesgos principales | Plazo probable |
| Perforación de alivio | Perforar pozos inclinados para capturar el gas antes de que llegue al cráter | Impacto en nuevas bolsas; riesgo de chispa; problemas de control del pozo | Meses a un año |
| Relleno controlado | Rellenar gradualmente partes del vacío con material inerte | Hundimiento; migración de gas hacia nuevas fugas cercanas | Por fases durante meses |
| Inyección de gases inertes | Desplazar el oxígeno para ahogar las llamas | Logística en desierto remoto; efecto breve si persisten las fugas | Semanas, a menudo repetido |
| Captura permanente | Construir una pequeña red para canalizar y utilizar el gas | Coste, corrosión por gas húmedo, flujo bajo y variable | Un año o más |
Dinero, imagen y un imán turístico en decadencia
Apagar el fuego tiene tres propósitos. Elimina una fuente visible de contaminación climática. Salva un recurso que Turkmenistán puede vender. Y limpia un símbolo que contradice el relato moderno sobre la energía.
Cada metro cúbico quemado en Darvaza no puede venderse por gasoducto. China es hoy el cliente principal, y proyectos como el largamente propuesto TAPI para el sur de Asia mantienen el incentivo de reducir pérdidas. El Estado quiere convertir el gas fugitivo en ingresos.
El turismo está en el otro lado de la balanza. El cráter es el punto culminante de un itinerario ya de por sí minoritario. Guías, conductores y alojamientos cerca de Darvaza dependen de ese espectáculo. Si se apaga la llama, esos viajes disminuirán. Un pozo más silencioso y vallado no tiene el mismo atractivo.
- El acceso podría restringirse durante las obras, con cortes de carretera y cordones de seguridad.
- Ráfagas de humo y polvo podrían seguir al relleno o perforaciones.
- Las autoridades pueden vigilar mediante satélites para comprobar que bajan las emisiones.
- Es posible que los negocios locales necesiten apoyo o reorientarse hacia la historia del desierto o excursiones de observación de estrellas.
Lo que satélites y científicos quieren antes del último resplandor
Los investigadores ven una última oportunidad de aprender. Una campaña coordinada puede medir el flujo de metano, la química de la llama y el gas del suelo en la zona. Esos datos mejoran los inventarios nacionales y ayudan a verificar soluciones para otras fugas en Asia Central.
Los sensores modernos detectan el metano desde la órbita con alta resolución. Los aviones pueden acercarse más, y los equipos en tierra usar espectrómetros láser para seguir cómo se mueve el gas entre capas porosas. Una campaña de mediciones breve y bien planificada convertiría este fotogénico pozo en un caso de referencia.
Qué pueden ganar los locales
La gente que vive y trabaja a favor del viento podrá respirar con más tranquilidad cuando el lugar se calme. El metano en sí no es tóxico en bajas concentraciones, pero una llama como la de Darvaza emite calor, monóxido de carbono y otros subproductos que agravan el estrés en los meses calurosos. Menos visitantes nocturnos también reduce el riesgo de tráfico en la pista del desierto.
El calendario, a día de hoy
Las autoridades no han publicado una fecha fija de apagado. Los equipos primero cortan el flujo, luego estabilizan el borde, y después evalúan si deben capturar o sellar el pozo. El clima importa, ya que el calor del verano castiga a equipos y personal. La financiación y la disponibilidad de contratistas marcarán el ritmo.
El camino práctico parece por fases: una temporada de mediciones y diseño, una de perforaciones y control, y luego una visita de revisión para buscar nuevas fugas. Ese último paso suele decidir si la solución funciona.
Contexto que ayuda a comprender Darvaza
Términos clave
- Quemas controladas: quemar gas en una llama controlada para evitar explosiones y convertir metano en CO2.
- Venting (ventilación): liberar gas sin quemarlo; esto tiene un impacto climático mucho mayor.
- Emisiones fugitivas: fugas imprevistas de pozos, tuberías, válvulas y capas de roca.
- Poder de calentamiento global (GWP): medida que compara el efecto de retención de calor de un gas respecto al CO2 durante un período determinado.
Cómo podría ser un cráter tras el fuego
Cuando se apaguen las llamas, el pozo podría transformarse en una depresión seca con los bordes vallados. La arena irá regresando. Los ingenieros podrían instalar pequeñas ventilaciones para dispersar gas residual de forma segura. Una plataforma de observación, si se construye, podría convertir el lugar en un destino geológico en vez de una peregrinación nocturna.
Cómo se conecta esto con recortes de metano más amplios
Un solo pozo no resolverá los totales nacionales. Las mejoras principales están en tareas rutinarias: reparar juntas de compresores, sustituir neumáticos que dejan escapar gas y capturar el gas asociado en los pozos de petróleo. Muchas reparaciones se amortizan en meses. Un plan público que recoja objetivos, financiación y verificación transmite confianza a compradores y países vecinos.
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